
Ciudad Encantada
Un sendero cerrado entre bloques de caliza con forma de seta, sin apenas cuestas. Suele haber cola en las horas centrales del día. Se hace con niños.
El parque natural de la Serranía de Cuenca es el norte de la provincia: pinares, hoces y agua. Cabe en un fin de semana largo, no en una tarde. Aquí tienes qué ver, en qué orden y en qué mes conviene subir.

Ninguno te ocupa más de una mañana. El error de casi todo el mundo no es elegir mal: es encadenarlos mal y pasarse el día dentro del coche.
Si vas con niños, empieza por la Ciudad Encantada o las Torcas de los Palancares: son senderos cortos, cerrados y sin desniveles raros. Deja las hoces y los miradores con vértigo —el Ventano del Diablo, el Escalerón— para cuando ya caminen solos y hagan caso a la barandilla.

Un sendero cerrado entre bloques de caliza con forma de seta, sin apenas cuestas. Suele haber cola en las horas centrales del día. Se hace con niños.

Un ventanal de roca abierto sobre el cañón del Júcar, a pie de carretera. Se ve, se fotografía y se sigue subiendo.

Pueblo de montaña, arriba del todo. Es el campamento base si vas a hacer dos días de Serranía en vez de uno.

Por aquí se entra a la sierra siguiendo el río. Casi todo el mundo pasa de largo y se equivoca: el Júcar se ve mejor aquí que más arriba.

Cascadas sobre musgo, recorridas por pasarela de madera. Con el deshielo lleva agua de verdad; en pleno verano, bastante menos.

Agua salada en mitad de la sierra, con dos tonos según la profundidad. Poca gente, y todavía menos carteles.

La hoz que sale en todas las fotos de las Casas Colgadas. No necesitas coche: se sale a pie desde el casco antiguo.

Níscalos, boletus y una docena más que salen entre octubre y diciembre. Hay cotos con permiso y hay que saber cuáles.

Berrea, cielo nocturno, setas y aves. Lo de la Serranía que se hace acompañado, porque por tu cuenta no lo encuentras.

Calles de piedra abiertas en la caliza, de metros de alto, por las que se anda como por un pueblo vacío. Sombra todo el recorrido.

Siete lagunas en dolinas, cada una de un color distinto según las algas y la profundidad. La del Tejo es la que sale en las fotos.

El bramido de los ciervos en celo, al amanecer y al atardecer. Dura pocas semanas y hay que saber dónde ponerse.

El Júcar sale de la roca arriba del todo, cerca de Tragacete. Menos concurrido que el Cuervo y con el bosque más cerrado.

Hundimientos del terreno en mitad del pinar; la más honda baja unos cincuenta metros. Se recorren en circular y se hace con niños.

Una laguna con el pueblo asomado encima y paredes de roca alrededor. Se rema, se anda el perímetro y se miran aves.

Un tajo estrecho abierto por el Guadiela, con paredes que tapan el cielo. Al lado está el balneario y el hayedo.

El sendero que asoma a la hoz del Júcar desde arriba. Sube por escalones tallados y devuelve una vista abierta del embalse, de las pocas de la Serranía sin árboles delante.

Cielo sin contaminación lumínica a una hora de la ciudad. En agosto, las perseidas; el resto del año, la Vía Láctea entera.
La Serranía aguanta los doce meses. Lo que cambia con la estación no es si merece la pena: es a qué vienes.
El agua. Es cuando las cascadas y los nacimientos van llenos y la sierra está verde. También cuando más barro te vas a encontrar en los senderos.
Madruga. A media mañana los aparcamientos están llenos y a mediodía la piedra quema. Arriba se duerme fresco aunque abajo aprieten los grados.
La punta del año: berrea, setas y azafrán, casi seguidos. Es la temporada por la que la gente repite y la que se llena de reservas antes.
Cielo limpio y sierra vacía. Es el momento de las salidas astronómicas y de los talleres bajo techo. Sube mirando el parte: hay nieve puntual y carreteras de puerto.

No hay temporada muerta. Los talleres de artesanía, las salidas astronómicas y el propio paraje funcionan todo el año. Las puntas son la berrea, las setas y el azafrán, las tres en otoño, y es cuando antes se llenan las casas rurales.
Casi todo cuelga de la carretera que sube hacia el norte desde la capital siguiendo el río. Eso es una ventaja: si ordenas las paradas de abajo arriba, no repites camino ni una vez.
Sube con el depósito lleno y con la ruta descargada en el móvil. Hay tramos sin cobertura y gasolineras contadas. Y si vas en invierno, mira el parte antes de salir: son carreteras de puerto.
El transporte público entre pueblos es escaso y no cuadra con los horarios de visita. Sin coche, la opción realista es ir con guía.
Si solo tienes un día, encadena Villalba de la Sierra, la Ciudad Encantada y el Ventano del Diablo: caen sobre la misma carretera y no te comen la tarde. El nacimiento del río Cuervo y la Laguna del Tobar piden jornada aparte, porque solo llegar y volver ya llena buena parte del día.
| Tramo | En coche |
|---|---|
| Cuenca capital → Villalba de la Sierra | 23 km · 19 min |
| Villalba → Ciudad Encantada | 15 km · 18 min |
| Ciudad Encantada → Ventano del Diablo | 12 km · 18 min |
| Ventano del Diablo → Tragacete | ≈ 43 km · 40 min |
| Tragacete → Nacimiento del río Cuervo | 13 km · 20 min |
| Cuenca capital → Laguna del Tobar | 86 km · 1 h 40 min |
La sierra es la mitad del viaje. La otra mitad está abajo.

La ciudad: Casas Colgadas, catedral, hoces y museos. Lo que se hace a pie y en un día.

Barranquismo, tirolina, rafting y senderismo. Lo que se reserva antes de subir.

Morteruelo, ajoarriero, zarajos y resolí. Lo que se come de verdad cuando bajas de la sierra.
¿Buscas un negocio en concreto? Está en el directorio de Cuenca Secreta, por categoría y con ficha propia.
Es el espacio protegido que ocupa buena parte del norte de la provincia: pinares, hoces excavadas por los ríos, nacimientos y roca caliza trabajada por el agua. No es un recinto con taquilla: se entra por carretera y se recorre pueblo a pueblo. Lo que sí tiene entrada propia son algunos parajes concretos gestionados aparte.
Puedes ver dos o tres paradas en un día si sales temprano desde Cuenca capital. Verla entera, no. Si solo tienes una jornada, encadena las que están sobre la misma carretera y deja la Laguna del Tobar para otro viaje: queda a desmano.
Para moverte entre pueblos y parajes, sí en la práctica: el transporte público entre ellos es escaso y no cuadra con los horarios de visita. Si no conduces, la alternativa realista es una visita guiada que salga desde la capital y encadene varias paradas el mismo día.
Depende de a qué vengas. Agua y verde, en primavera. Berrea, setas y azafrán, en otoño. Cielo limpio y sierra vacía, en invierno. En verano funciona igual de bien si madrugas. No hay meses muertos: cambia el motivo, no la sierra.
Calzado cerrado con suela, agua, algo de comer y el depósito lleno. Hay tramos de carretera sin cobertura de móvil, así que lleva la ruta descargada y no dependas del mapa en directo.