Los Callejones de las Majadas: qué son y cómo se recorren
Los Callejones de las Majadas están sobre el pueblo del mismo nombre, a media hora larga de la Ciudad Encantada. Son lo mismo pero al revés: monte abierto en vez de recinto, calles de piedra en vez de figuras sueltas, y nadie cobrando en la puerta.

Qué son y en qué se parecen a la Ciudad Encantada
Es la misma piedra y la misma historia: caliza que el agua ha ido disolviendo por las grietas hasta dejar bloques separados. Lo que cambia es la escala del hueco. En la Ciudad Encantada quedaron figuras aisladas; aquí quedaron pasillos, con paredes de varios metros a los dos lados y el suelo de arena en medio.
De ahí el nombre: se anda por dentro, doblas una esquina y aparece otro tramo recto. Los pinos crecen encima de las paredes y por las grietas, así que casi todo el rato vas en sombra.
La otra diferencia importante es que esto es monte abierto. No hay recorrido único ni sentido obligatorio. Puedes seguir la señalización o meterte por donde te apetezca, y por eso la gente se reparte y no se hacen las colas de la Encantada.
Ruta de los Callejones de las Majadas
- Tipo: circular, con salida y llegada en el mismo aparcamiento.
- Distancia: 3,6 km (ficha oficial del sendero PNSC-02)
- Desnivel: mínimo, según Turismo de Castilla-La Mancha.
- Tiempo: aproximadamente 1 h 30 min andando sin prisa (ficha oficial del sendero) — más si entras y sales de los pasillos.
- Dificultad: baja. Arena, pinocha y roca; sin trepadas ni tramos expuestos.
- Con niños: sí, andando ellos. Con carrito no se pasa por los corredores estrechos.
- Dónde empieza: en la explanada de tierra al final de la pista que sale del pueblo de Las Majadas.
Haz la circular al revés de como salen todos. Te cruzas con la gente una vez, en lugar de ir a su cola toda la mañana.
La pista que sube al paraje
Se sube desde Cuenca por la carretera de la sierra y se coge el desvío a Las Majadas. El pueblo se atraviesa entero y, ya al salir, arranca la pista que lleva al paraje.
El último tramo es pista, no carretera. Se hace con un coche normal si vas despacio, pero es estrecha y sin apartaderos: si te cruzas con alguien, uno de los dos se echa atrás un buen rato. Aparca en la explanada del final aunque esperes hueco; los arcenes de la pista no son arcenes, son cuneta con piedra.
Cuándo ir: aquí manda la sombra
En un mirador quieres luz; aquí quieres sombra, porque lo que se mira son paredes texturadas y el sol de mediodía se las come. Primera hora, última hora o un día gris.
En verano el pinar está muy por debajo de la temperatura de la capital, y ese es el argumento real para subir en agosto. En otoño llega la gente de las setas: se complica el aparcamiento sin que te cruces con nadie dentro.
Con niños, sin cortados y sin agua
Con niños va bien: hay calles y esquinas, no hay cortados, no hay agua y no hay tráfico. Con perro también, con la correa puesta —hay fauna y hay ganado— y llevándole el agua, porque en el recorrido no hay fuente.
Las Majadas, el pueblo
Es pequeño y está a pie de ruta, así que resuelve la comida de después sin bajar a Cuenca. No publicamos nombres, horarios ni teléfonos sin comprobarlos uno a uno: los que tenemos verificados están en el directorio de restaurantes, y el encaje de los dos días está en la guía del parque natural.
Sigue por aquí
Las tres paradas que se encadenan con esta en la misma mañana.

Ciudad Encantada
La misma piedra, en recinto cerrado y con recorrido marcado. A media hora larga de aquí.

Laguna de Uña
Agua quieta al pie del farallón, con el pueblo asomado. El amanecer es suyo.
