
Alarcón
Villa amurallada colgada sobre un tajo del Júcar, con el castillo —hoy parador— cerrando la punta del cerro.
Los pueblos de Cuenca con más peso turístico no están en la sierra ni en la capital: están al sur, en la llanura, y cada uno tiene un castillo distinto. Aquí van los dos que merecen una salida propia.

No son pueblos con un monumento al lado: el castillo es la razón de por qué existen ahí y no en otro sitio. Los dos se ven en un día largo o en dos cortos, con noche por medio.
Están en el mismo lado de la provincia, al sur, y comparten algo más que el nombre de «pueblo con castillo»: los dos fueron plaza fuerte antes que destino turístico, y eso se nota en cómo están construidos: la muralla o el cerro primero, la vida cotidiana después.
Ninguno de los dos es un pueblo con vida turística todo el año: son destinos de salida en coche, no de quedarte varios días. Eso hace que la oferta de bares y alojamiento sea pequeña y que convenga comprobarla antes de ir, en vez de dar por hecho que va a haber sitio abierto a cualquier hora.
Los dos se levantaron para vigilar el paso, uno sobre un tajo de río y el otro sobre un cerro sin nada alrededor, y los dos acabaron con un pueblo pequeño a los pies de la fortaleza. Ahí se acaba el parecido: Alarcón se recorre por fuera, rodeando la muralla y asomándose al meandro; Belmonte se recorre por dentro, con salas amuebladas y un paso de ronda que se anda entero.
Elige según lo que quieras hacer. Si quieres pasear y comer con vistas al río, Alarcón. Si quieres entrar en un castillo de verdad y subir a las torres, Belmonte. Con tiempo de sobra, los dos el mismo día.
Los dos quedan en el sur de la provincia, lejos de la sierra y del eje de la capital, y se llega a los dos en coche por carretera llana, sin puertos de montaña. Entre ellos hay menos de una hora de coche, así que el orden importa menos que salir con tiempo: son pueblos pequeños, pero el trayecto entre uno y otro se come parte de la mañana.
El transporte público entre pueblos es escaso y no está pensado para una visita turística de un día completo. Si no conduces, la alternativa realista es una visita guiada que salga desde la capital y encadene los dos en la misma jornada.
Con niños funcionan bien los dos, aunque de forma distinta: en Alarcón se anda por fuera de la muralla y por la orilla del meandro, sin escalones ni tramos técnicos; en Belmonte el atractivo está dentro del castillo, con escaleras de caracol y un paso de ronda que a partir de cierta edad les encanta recorrer solos.
El resto de la provincia, fuera de la sierra.

Segóbriga, los molinos de Mota del Cuervo y el resto de la Cuenca que no es la sierra.

Semana Santa, San Mateo y el resto del calendario festivo de la capital.

Los dos grandes son Alarcón, sobre un meandro cerrado del Júcar, y Belmonte, con un castillo restaurado y amueblado sobre un cerro pelado. Están en el mismo lado de la provincia, al sur, y se pueden encadenar en una sola salida en coche.
Sí. Están a menos de una hora de coche el uno del otro por carretera llana, sin puertos de montaña. La combinación habitual es empezar por el que quede de camino según de dónde vengas y comer en el otro.
En la práctica sí. El transporte público entre pueblos es escaso y no está pensado para una visita turística de un día. Si no conduces, la alternativa es una visita guiada que salga desde la capital.