Torre de Mangana: el reloj de Cuenca
La torre de Mangana es la torre del reloj de Cuenca, plantada sola en una plaza alta del casco antiguo. No es la postal que sale en las guías —esa es la de las Casas Colgadas—, pero es la que la ciudad mira todos los días para saber la hora.

El reloj de la ciudad
Aquí se le llama el reloj, sin más. Es la hora oficial de Cuenca: la que se mira desde la calle, la que suena en Nochevieja y la que sale en las fotos de familia de la plaza.
Los conquenses la comparan con el Big Ben, medio en broma y medio en serio. Es un chiste local que dice bastante: la torre no impresiona por tamaño, impresiona por lo suya que es.
La torre que ves hoy no es la original de arriba abajo: se ha rehecho y retocado más de una vez a lo largo de los siglos. Por eso la piedra no canta igual en todos los tramos si te fijas.
Lo del alcázar: lo que se repite
En guías y folletos vas a leer que la torre se levanta sobre el antiguo alcázar andalusí de la ciudad. Puede ser: esta es la parte alta y defendible del cerro, y encaja.
Pero es una atribución que se repite sin que haya excavación que la cierre, así que aquí va como lo que es: probable, no seguro. Lo que sí está fuera de duda es lo del reloj, y con eso ya tienes la mitad de la historia.
La plaza de Mangana es un mirador
Mucha gente sube a ver la torre y lo que se lleva es la plaza. Está abierta al vacío por un lado, con el valle abajo, y tiene bancos y escalones donde la gente se sienta a última hora.
De esos escalones, además, se ve el casco antiguo de frente y entero en Semana Santa. Es el sitio desde el que se escucha el miserere, y quien lo sabe llega con tiempo y con abrigo.
Se sube o solo se ve por fuera
La torre no está abierta de forma continua, así que lo normal es verla por fuera y quedarse en la plaza. No es un mirador de pago con cola: es una torre en medio de una explanada.
Si te interesa subir, pregunta antes en la Oficina de Turismo. El proyecto para hacerla visitable está aprobado, pero todavía no hay horario ni precio publicados, y presentarse allí sin más es arriesgarse a encontrar la puerta cerrada.
A qué hora conviene pasarse
Al atardecer. Es cuando la piedra coge color, cuando la plaza se llena de gente del pueblo y cuando la vista desde el borde vale de verdad la subida.
De noche la torre está iluminada y se ve desde media ciudad. Y a mediodía en verano, ni te molestes: la plaza es una sartén sin sombra.
Encájala al subir o al bajar del casco antiguo, no como parada suelta. Está en el camino de casi todo lo demás y no merece una cuesta solo para ella.
Sigue por aquí
Lo que queda a dos calles, todo andando.


Museo de Arte Abstracto
Dentro de las Casas Colgadas. La sala que hay que ver no tiene cuadros: tiene un ventanal.

Qué ver en Cuenca
El casco antiguo entero, en el orden en que se anda sin repetir cuesta.