Setas en la Serranía de Cuenca
Las setas de la Serranía de Cuenca son cosa de pinar y de otoño, y no salen por calendario: salen cuando ha llovido. Aquí va cuándo tiene sentido subir, qué papeles hacen falta y qué no se hace nunca.

Cuándo es la temporada de setas
Octubre y noviembre son los meses de setas: el monte tiene humedad y temperatura a la vez, y de verdad hay algo que coger.
Pero el mes no decide: decide la lluvia. Unos días de agua y luego una semana templada. Un octubre seco no da nada.
Son también las semanas de la berrea, en el mismo pinar: quien madruga a escuchar puede aprovechar la mañana para buscar setas después.
Níscalos y boletus, las dos de siempre
El níscalo es la seta del pinar: naranja, con anillos en el sombrero y la carne verdosa al partirla. Es la que llena las cestas aquí.
El boletus va con el roble y el haya, y sale más disperso. Se busca a propósito; no aparece de camino.
El permiso: no se coge sin mirar antes
Buena parte de este monte no es de libre recolección: hay terreno acotado, privado y regulado. La diferencia entre pasear y recoger es legal, no de sentido común.
No te vamos a dar un coto ni una tarifa sin comprobar. Lo que sí está fijado por la normativa autonómica es el límite en monte libre: 5 kg por persona y día. En terreno con coto micológico, el permiso y el precio los pone cada ayuntamiento. Consúltalo antes de salir de casa.
Se busca pinar, no bosque cualquiera
Aquí manda el pino silvestre y el laricio, con pinocha espesa debajo. Ese es el suelo bueno: húmedo, con sombra y con algún claro, y lo hay por toda la Serranía.
Y no, esta página no lleva mapa. La pregunta de dónde coger setas no se contesta con coordenadas: publicar un rodal es la forma más rápida de que deje de dar setas al año siguiente.
Las reglas que no se saltan
Se corta con navaja, no se arranca. Se lleva en cesta de rejilla, para que la espora caiga mientras andas. Y no se remueve la pinocha.
Lo que no identificas, se queda en el monte. No hay truco casero que valga: ni la cuchara de plata, ni el color, ni el olor.
Cómo se limpian y se conservan al llegar a casa
La limpieza empieza en el monte, no en la cocina: se retira la tierra pegada con un cepillo o con la punta de la navaja y se corta la base terrosa antes de meterlas en la cesta. Así no arrastras tierra a casa ni aplastas las que ya llevas dentro.
En casa se terminan con un paño húmedo, nunca a remojo: la seta empapa agua como una esponja y pierde la textura. Se guardan sueltas, en un paño o en papel, dentro del frigorífico — nunca en bolsa de plástico cerrada, que las suda y las pudre en un día.
Se cocinan en las primeras 24-48 horas. Lo que sobra se congela ya cocinado, no crudo, y níscalos y boletus también se secan en láminas finas para guardarlos el resto del año.
Sigue por aquí
Lo que pasa en la sierra el mismo otoño.


